Hoy da comienzo la Semana Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, una materia que durante la última semana de octubre tiene todos los años una programación de eventos y actividades informativas y de concienciación por diferentes organismos y administraciones de todo el continente.
Si hay un sector profesional en el que la palabra seguridad adquiere una importancia capital ese es el de la aviación. Es lo primero que escuchan los tripulantes de cabina de pasajeros cuando entran en una escuela de formación para sacarse el título y una de las bases fundamentales de su programa lectivo. La seguridad es un concepto que deben interiorizar desde el primer momento porque es el eje sobre el que giran los principales protocolos que toda la tripulación deben conocer y manejar en el interior de un avión, desde los pilotos a los sobrecargos y pasando por todas y cada una de las azafatas y auxiliares de vuelo.
Una de las particularidades de la profesión de TCP es que ninguno ejerce como tal en la Unión Europea hasta que tiene en su poder el Título de Tripulante de Cabina de Pasajeros validado por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). No existen prácticas profesionales, como es habitual en otros entornos laborales y es así precisamente por seguridad. La azafata o el auxiliar de vuelo realiza su trabajo en un avión con todas las garantías de haber superado una prueba que garantice su conocimiento de los protocolos normativos de seguridad. Por eso son tan importantes los recursos de formación práctica que las escuelas ponen a disposición de su alumnado.
Durante su vida laboral un TCP está pensando y actuando conforme a criterios de seguridad durante la mayor parte de su tiempo. Tienen responsabilidad sobre el pasaje y deben ejercerla en todo momento, especialmente en momentos de emergencia. Pero no hace falta que suceda algo fuera de lo normal para que la tripulación esté centrada en algo que tenga que ver con un espacio o un estado seguro, incluso durante el transcurso de acontecimientos ordinarios del vuelo tienen su mente y sus sentidos en eso.
Antes de entrar al avión realizan un briefing donde repasan con toda la tripulación todos los protocolos y requerimientos de seguridad sobre los que van a actuar. Comprueban la lista de pasajeros y su asignación de asientos para asegurarse de que nada contradice los protocolos. Chequean todo el material que deben utilizar ante cualquier tipo de emergencia, ya sea la atención médica a un pasajero, la extinción de un fuego, una evacuación o la preparación de material de salvamento.
Durante el embarque se fijan en que el pasaje está dentro de los parámetros de comportamiento que se definen como normales y estar preparados para actuar en caso de que perciban situaciones que consideran extrañas o abiertamente prohibidas. En las fases críticas de despegue y aterrizaje se concentran en repasar los protocolos mientras ponen todos sus sentidos en comprobar que el avión se comporta con normalidad, manteniéndose siempre alerta por si hubiese que intervenir de forma repentina para desplegar cualquiera de los procedimientos de emergencia para los que están debidamente formados y preparados. La rapidez con la que actúen puede salvar vidas en situaciones extraordinarias. Pero, ¿cuáles son estas situaciones extraordinarias y qué protocolos de seguridad manejan los tripulantes de cabina de pasajeros para hacerles frente? Lo descubrirás en el siguiente artículo





